lunes, 20 de agosto de 2012

La Justicia recuperó a una perrita gracias a una prueba de ADN

Para recuperar a su perra debió realizar el ADN, está claro que de los padres de la caniche. Ocurrió en Santa Rosa, La Pampa, y ahora la mujer va por un cachorrito.


Un carnicero en Santa Rosa, La Pampa, robó una perrita de raza caniche toy. Hace aproximadamente un año que su dueña venía reclamando con escasa suerte y algunas amenazas en su contra de parte del nuevo poseedor. Pero la insistencia de la mujer llevó el caso ante la Justicia. La realización de un ADN a los padres de la caniche y el posterior cotejo con la extracción sanguínea (obviamente lograda con orden judicial) determinó que la perrita denunciada por la vecina era suya y debió ser devuelta, aunque llegar a ese punto no ocurrió sin peripecias.
El robo de identidad perruna tuvo lugar en Santa Rosa, La Pampa. La mujer denunció que hacía un año que un carnicero del barrio le había robado su perrita caniche toy, esa raza de perritos que semejan muñequitos de alambre y peluche o adminículos de decorado, con ladridos agudos, sucesivos y penetrantes.
Según la abogada de la propietaria denunciante, Ivalú Turnes, la mujer reclamó no sólo la caniche toy –cuya identidad no fue revelada por algún motivo ignoto–, sino además dos cachorros que, según estudios médicos, tuvo C.T. durante su cautiverio trucho y que estarían en poder del carnicero.
La dueña del caniche, María Etcharte, vive en el barrio Butaló, al oeste de la capital provincial pampeana. Hace alrededor de un año denunció el robo de su perrita caniche toy supuestamente a manos de un vecino. Supuestamente, por entonces, ya que luego la Justicia demostraría que su denuncia estaba en lo cierto.
El fiscal santarroseño Gabriel Tedín pidió a una jueza una orden de allanamiento para rescatar a la perrita, pero la magistrada se la negó, con un criterio lógico. Hacían falta más pruebas para demostrar que C.T. no era una c.t. común sino la C.T. que Etcharte reclamaba.
Ante la negativa, Tedín propuso a la abogada de Etcharte que tratara de buscarle una solución al conflicto directamente con el denunciado, el carnicero F. S. “Fuimos hasta la casa del denunciado con tres policías vestidos de civil, llamamos y nos atendió una nena, mientras en ese momento pudimos observar a la perrita a través de la reja jugando en el patio trasero de la casa”, relató Turnes.
Pero justo en “ese momento llega el señor S. en auto con su mujer”. Según el relato de la abogada, S. bajó del vehículo con un utensilio de trabajo, para el caso “un cuchillo grande en la mano. Traté de hablarle bien –aseguró la abogada–, diciéndole que tal vez le habían vendido una perrita robada, pero empezó a insultarnos amedrentándonos con el cuchillo”.
La profesional dijo que explicó a S. que había una causa judicial en trámite y que la dueña estaba dispuesta a pedir un análisis de ADN, pero “él nos dijo que, si piden eso, degüello a la perrita” y añadió que “a mí me iba a pegar dos tiros”. Etcharte, dispuesta a no perder la vida pero tampoco la perrita, mandó a pedir el ADN de los padres de C.T. y una vez obtenido el patrón genético, logró que la Justicia ordenara sacarle sangre a la perrita en cuestión. Para qué decir que la muestra dio positivo.
Para colmo, el carnicero no pudo justificar cómo había adquirido la perrita. El argumento más sólido fue que no sabía de dónde venía porque la había cambiado por carne, lo que, tratándose de un carnicero, dejaba cierto lugar de verosimilitud, aunque con cierto tufillo a carne podrida.
Se ve que la Justicia pampeana no le creyó, porque el carnicero devolvió a C.T. hace una semana, con orden judicial mediante. Pero no terminó allí la gestión perruna. Cuando la dueña la llevó al veterinario, éste descubrió que C.T. “tuvo cría hace unos diez días y tenía mastitis, porque los cachorritos no tomaban de la teta”. “Me comuniqué con Soria para decirle que los perritos necesitan a la mamá, y me dijo que tuvo dos cachorritos, que uno murió y el otro se lo quedaba, y que le estaba dando mamadera”, detalló. Entonces inicia ahora el segundo capítulo del rescate judicial, por el cachorrito caniche toy y del costo el ADN pagado por la dueña.
Fuente: Pagina12.com


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